A veces toca perder . . .

Cuando chica me arreglaban los juegos para que ganara y me enseñaron que los mejores era los que se sacaban las notas más altas, que en nada servía ser el segundo, siempre tenía que ser el primero. No es de sorprenderse que hago deporte desde los 4-5 años. No culpo a mis padres, porque sé que me criaron de esa forma sólo porque querían que pudiese ser lo suficientemente fuerte, para una sociedad cada vez más competitiva.

Pero la vida es un juego en el que ganas y pierdes una y otra vez. Y cuando uno es un mal perdedor, la derrota se siente diez veces más fuerte, porque en nuestras cabezas no se asimila la idea de no poder ir primero, de que no haya salido todo perfecto, porque eso fue lo que le grabaron a nuestro cerebro cuando chico.

Y bueno, siempre llega un punto en el que uno abre los ojos y se da cuenta que esta mal o alguien nos hace notar que no siempre debemos ganar, que al final son las derrotas las que más no enseñan. Además como efecto colateral uno termina siendo una persona con una tolerancia casi nula a la frustración, lo que al final resulta en un ser humano más amargado en este mundo. Yo de a poco he aprendido que cuando algo no resulta no sirve de nada ponerse a llorar o rabear, porque en este juego de ajedrez que es la vida, nadie va a venir a mover tus piezas del tablero para lograr el jaque mate, tal como en el ajedrez esto es un juego individual, nadie te va a ayudar a ganar.

Cada vez que fallamos en algo, lo único importante es saber si realmente lo dimos todo, si fue así, entonces habrá que seguir intentándolo o tomar otro rumbo, tratar de escalar una montaña por la misma ruta por la que te has caído 2,3,4 veces no tiene sentido, hay que saber decidir cuando se tiene que buscar un camino alternativo. Y si las cosas no salieron como esperábamos simplemente porque no nos esforzamos al 100%, entonces hay que asumir ese error e intentarlo de nuevo poniendo todo el corazón. No se puede elegir ser perfecto, pero sí, ser feliz y mejor cada día.

Y así como hay que saber ser buen perdedor, también hay que saber ganar. En aquellos momentos en los que nos toque estar en lo alto del podio, hay que saber también tomar esta victoria con humildad, tenemos que estar contentos por lo logrado, pero sin quedarse pegado en eso. Vivir de victorias pasadas solo nos termina estancando. La idea en esta vida es siempre aspirar a ser un poquito mejor en todas las cosas que nos propongamos.

En mi caso últimamente he sabido ser mejor perdedora que antes, aunque aún hay veces en que vuelve a salir la niña que ganaba siempre en el carioca. Como todo ser humano la vida me sigue enseñando día a día un poquito más, sólo espero que cuando llegue mi día este feliz con el camino que recorrí, que cada moretón dejado por aquellos tropiezos no hayan sido en vano, solo espero que en mi último respiro sea capaz de poder decir Jaque Mate.

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